miércoles, 1 de octubre de 2014

Infidelidad, amor y deseo

Desde que nacemos nos vemos envueltos en la mentira del matrimonio, la fidelidad y el amor para toda la vida. Pero hay muchas cosas que nadie nos dice... quisiera poder decirles que es por simple omisión, pero no. La mayoría de la gente se niega a aceptar esta realidad.

En algún momento en los inicios de la historia existió una persona bastante normal. Estaba sentada en su casa, muy aburrida y de pronto se le ocurrió escribir una fantástica novela. Con la mente divagando en su momentum literariamente inspirado, relató la vida en un mundo en que Dioses iracundos se divertían castigando a los humanos. Uno de sus castigos favoritos, era hacer que un hombre se uniera con una mujer. Desde ese momento, ambos se veían obligados a permanecer juntos por toda la eternidad, en la salud y la enfermedad, en la vida y en la muerte.
Sí, obviamente acabo de inventar todo eso, pero bien podría haber sucedido. Nuestros padres, abuelos y demás crecieron escuchando ese mismo cuento. Se enamoraron, fueron felices en el maravilloso mundo rosa del enamoramiento y, cuando finalmente cayeron en la realidad, no podían librarse. Tengamos en cuenta el contexto. Hasta hace muy pocos años, divorciarse era casi un suicidio social. A falta de internet, la gente disfrutaba apedreando verbalmente a los demás. Ni hablemos de la iniquidad entre el hombre y la mujer. Si una mujer decidía, a pesar de todo, separarse, no sólo no tenía dinero para arreglárselas por su cuenta, sino que tampoco podía conseguir trabajo (¡quién emplearía a una divorciada, Dios mío!) y en la mayoría de los casos ni siquiera tenía estudios. La única opción era ajo y agua
Pero los tiempos cambiaron, las mujeres salimos de la sombra y la gente empezó a divorciarse más y casarse menos. ¿Casualidad? No... sucedió que los hombres ya no sienten culpa y las mujeres ya no sienten miedo. Y la sociedad no rompe tanto las pelotas.


Pero, ¿existe el amor? ¿Por qué los matrimonios no duran?

En psicología lo llaman "metonimia del deseo". Dicho de español, es imposible satisfacer el deseo de una vez y para siempre, porque cuando logramos lo deseado, inmediatamente deseamos otra cosa. Los seres humanos vivimos motivados por el deseo (imaginen en qué grado que hasta podríamos asegurar que es el motor de la existencia).
El deseo entra en juego en el enamoramiento inicial. Deseamos con todas nuestras ganas estar con ese hombre o esa mujer. De pronto sentimos que nos falta el aire cuando no está, e imaginar nuestras vidas sin esa persona se nos hace impensable. Y sí, es maravilloso y nos hace sentir maravillosamente, tanto que a veces decidimos casarnos. Pero el tiempo pasa, estemos o no casados. Y el deseo que nos llevó a casarnos, más tarde o más temprano, inevitablemente se va a satisfacer... y tendremos que buscar otro objeto de deseo. Y entonces aparece el dilema: ¿ser fiel o no ser? 
A pesar de que no podemos controlar nuestro deseo, sí nos es posible controlar nuestros actos. Es decir, al momento de ver una persona que nos revoluciona la libido tenemos (gracias a que somos seres racionales) la posibilidad de elegir entre dejar pasar la tentación o entregarnos al placer con esa persona. El problema radica en que, si elegimos volver a casa, nuestro deseo de acostarnos con otro va a seguir existiendo, y encima vamos a tener la frustración por no haber podido satisfacerlo cuando se presentó la oportunidad. Esto nos ocurre tanto a hombre como a mujeres. Algunos lo aceptamos y reconocemos, otros jamás lo manifiestan, ni siquiera en su pensamiento. 
Dados los hechos, creo que no hace falta decir porqué los matrimonios gobernados por los celos y la inseguridad, en que las personas no pueden ser sinceras una con la otra por temor a no ser comprendidos e iniciar una innecesaria y desgastante discusión no duran demasiado. Tarde o temprano, alguno de los dos se cansa del esfuerzo que le provoca reprimir el deseo y vivir frustrado, y sucumbe a él.

Uno de esos tipos que escriben libros chotos de autoayuda escribió un artículo que circula en las redes sociales que, si mal no recuerdo, se titulaba "Búscate un amante", o algo así. Según el texto, un amante es lo que ocupa nuestro pensamiento antes de dormir y que, a veces, no nos deja dormir. Y, obviamente, podemos encontrarlo en nuestra pareja, en otra persona, en la literatura, la música, etcétera.
Pero la frase que me quedó grabada de ese artículo decía: 

"Amante es alguien, o algo, que nos pone de novios con la vida y nos aparta del triste destino de durar".

¿Y qué es durar? Es tener miedo a vivir, postergar nuestro disfrute de la vida con la excusa de que "ahora no es el momento". Lo trágico no es morir. Lo trágico es no animarse a vivir.

Así que, ya saben... búsquense un amante, sean amantes y protagonistas... de la vida ;)