viernes, 26 de septiembre de 2014

Las mentiras de la maternidad

Después de leer este post me dieron ganas de escribir y exhumé a mi viejo blog. Las entradas anteriores eran demasiado vergonzosas como para dejarlas con vida.

En el artículo hablan de las mentiras que el mundo quiere hacerte creer sobre la noble tarea de ser padres. Además de estar de acuerdo con todas, tengo muchas más para agregar.

Ningún estudio científico va a poder explicar porqué las personas somos tan bastardas como para hacerle creer a otros que se están embarcando en una maravillosa aventura, cuando en realidad sabemos bien que no es así (aunque nos damos cuenta tarde).
"Un hijo te cambia la vida, te vas a sentir más feliz de lo que jamás imaginaste"
La primera parte es cierta. Tener un hijo sí te cambia la vida. La segunda, es una infame mentira y deberías alejar de tu vida a quien te la diga mientras le deseás toda clase de maldiciones.

Hay varias cosas que cambian desde el mismísimo momento en que te enterás que estás esperando un hijo. De pronto todo el mundo está encima tuyo felicitándote y bañándote con bendiciones, que una vez que tu hijo nace se transforman en insultos, críticas y miradas feas cuando no para de llorar en medio del lugar menos oportuno
.
De ser dueña de tu vida, pasás inmediatamente a ser esclava de un amito cruel y explotador. Donde sea que vayas, tenés que cargar sus bolsos, alimentarlo, bañarlo, vestirlo, hamacarlo mientras duerme y hasta humillarte siendo su payaso exclusivo. Encima que no tenés tiempo de arreglarte, empezás a oler a leche cuajada todo el tiempo. El baño es un lujo del que ya no podés disfrutar en paz por, al menos, los 10 meses posteriores al parto.
Empezás a odiar a tu marido. Podés pensar que es porque tenés los nervios sumamente alterados, por los cambios hormonales, porque las pocas horas de sueño te producen malhumor... pero la realidad es que lo odiás por ser TAN INÚTIL.
Sí, no confíes en una madre que diga que jamás tuvo ganas de asesinar a su marido.
Los hombres no sólo no saben preparar una mamadera, cambiar un pañal, o desinfectarle el cordón umbilical. Tienen un bloqueo natural al llanto, que se acentúa durante la madrugada. Pero todo eso no importa, por suerte para el bebé, tiene a su madre. Lo peor viene cuando te das cuenta que no es capaz de mantenerlo sin llorar por más de 10 minutos, y sale corriendo detrás tuyo para que lo alimentes (aunque haya comido hace 15 minutos).
Si las mujeres podemos aprender a ser madres usando nuestro sentido común, esa máxima no corre para la mayoría de los hombres. El instinto paternal no existe, y no quedan dudas de eso.

Pero todo eso pasa, el niño crece, eventualmente deja el pecho y aprende a controlar esfínteres, con suerte hace amigos y deja de estar colgado de tu pierna como un koala. Te sentís exuberante de felicidad, la vida te sonríe y el mundo no podría ser un lugar más bello.

Y entonces empieza el jardín de infantes. Este es el momento en que te cuestionás, te auto juzgás y pensás que sos la peor persona del mundo. Quiero traer algo de tranquilidad a las mamás que, como yo, ODIEN CON TODA SU ALMA a las otras mamás. 
Las ves en la entrada todos los días, felices y sonrientes, peinadas y perfumadas y con mariposas de colores revoloteando a su alrededor.... mientras vos llegás sobre la hora, empujando a tu hijo, con la mochilita a la rastra y puteando porque te olvidaste de guardarle la merienda.
Ni hablar de los 'trabajitos' para hacer en casa. La nota dice claramente "hacer la pecera con lo que tengamos en casa". Llegás del trabajo y te ponés a revolver frenéticamente armarios y roperos buscando una caja, botoncitos, lanas, corchos y temperas resecas para lograr un bellísimo acuario con pececitos de cartón colgando de hilos.
Vas feliz al jardín porque al fin te acordaste de hacer la tarea y... llegás a la puerta. Y ves los trabajitos de los otros nenes. Y entonces empezás a dudar si leíste bien la nota... "decía hacer con lo que tengamos en casa o eso lo agregó mi inconsciente?"
Los nenes con sus "adorables" mamás se pasean felices con sus sonrisitas y abrazos pedorros de despedida con un megamonumento a los acuarios, con peces disecados y peceras reales, ¡¡¡y hasta plantitas y buzos revolviendo cofres de tesoro!!!. Y TU trabajo va a estar expuesto al lado de uno de esos.
En fin... te lo digo en serio, no te preocupes. Es absolutamente normal y sano que las odies con el odio más profundo que te salga. De todas formas, ellas se lo buscan.

Pero bueno, la vida de una madre no está siempre gobernada por un nubarrón gris. Vas a adorar a esos pequeñitos mocosos que ensucian tus pantalones y te complican la vida laboral cuando se enferman. Es un amor tan inmenso e incondicional el que vas a sentir que absolutamente todo (sí, incluso sonreírle a las madres bastardas) vale la pena.
Ver sus sonrisas, calmar sus llantos, levantarte mil veces en la madrugada para ver si volvió a subir la temperatura, que no te importe ensuciarte mientras te revolcás en el piso con ellos... eso es ser madre.

Y cada tanto te vas a olvidar te todo eso que pasaste y... ¡vas a querer tener otro!

¡Feliz maternidad a todas! A disfrutar que dejan de necesitarnos muy rápido.